6 de octubre de 2013

Leyenda de los réprobos de Talaván



Fotografía de Eloy Díaz Redondo

  

   Cuídate, por un lugar de los Cuatro Lugares, de los idus de marzo. No son estos idus los romanos, tiempos de buenos augurios, pascuas profanas, por Talaván de los Cuatro Lugares del Campo. Desde la torre de la Asunción -esa torre hoy coronada de una prótesis nefasta-, tiemblan los bronces a medianoche, y mientras las doce campanadas se difuminan por los llanos como un fúnebre estertor, van desperezándose los réprobos de la ermita vecina, la siniestra ermita del Cementerio Viejo, la olvidada ermita del Santo Cristo. Despiertan también el hombre gato y la mujer con toca, abandonando sus medallones con el ansia del reencuentro. Para ellos, para los hijos del anatema, suena toque de resurrección en la noche del 15 de marzo. Es toque a rebato para los talavaniegos: cada mochuelo a su olivo, y que nadie asome la gaita.
   Resucitan los condenados. La capilla es palomar revuelto, estampida volátil, caos colorido de plumas y gorros con borla. Alza el vuelo una jauría infernal, una escuadrilla rabiosa y enloquecida que abandona la ermita con un jaleo, cómo no, de mil demonios. El hombre gato y la mujer con toca, acurrucados bajo la cúpula, les despiden con la educación inversa del inframundo: "¡Id con el diablo!".

Cuídate, por Talaván, de la noche del 15 de marzo. Rasga el cielo una nube disparatada y chirriante; no hay bandada más horrible. No imaginaron Pieter Brueghel, el Bosco, Goya, tan extraña pintura, tan grotesco aquelarre, tales monstruos voladores de ojos desorbitados y dientes vampíricos, con sus gorritos de borla, con sus alas gigantes. Son vándalos enfurecidos. Arrasan los huertos y los sembrados, atacan como lobos al ganado, destrozan los tejados; se agolpan, como polillas, tras las ventanas iluminadas, mostrando sus fauces a los incautos que han olvidado la fecha. Dicen que les divierte bajar al Tajo, donde Nuestra Señora del Río, y embestir una y otra vez contra la corriente como martines pescadores; número acuático de delfinario surrealista, los insospechados réprobos sumergiéndose y emergiendo en las aguas, a la luz de la luna. Con sus alas gigantes, con sus gorritos de borla. Nada aerodinámicos. Figurándonos la estampa, y con una pizca de cariño, podemos decir: “¡Son como niños, los condenados!”.
   Como niños gamberros, pasan toda la noche haciendo pifias. Y, al presentir la alborada, regresan a sus ruinas agotándose en las últimas acrobacias aéreas. Ríen y gritan. Su risa es descacharrada; sus gritos, metálicos. Raya el alba cuando están acoplándose en sus casillas. El hombre gato y la mujer con toca se despiden con un largo abrazo, y retornan a sus medallones.
   Se acabó la licencia. Otro año de esgrafiada quietud.

Gabriel Cusac

5 comentarios:

juan de la cruz471 dijo...

Debiste cuidarte de mentar la bicha, que las idus de marzo te son cosa bien ajena, porque no eres vestal, ni parca, ni sybila, sino un marginal escritorzuelo de ojos de cuévano y desafiante bigotón que osa anunciar la salida temeraria de los alados encapirotados para el próximo marzo.
No te pase lo que a Polanski con Charles Manson.
El quince cuando la percusión de las aguas este otoño y el siguiente invierno haya copado las defensas de cal y los equilibrios cupulares quiebren, los alados borlados tendrán que volar a otra parte, porque el museo del Prado ya recogió las pinturas negras de Goya y estas no las recogen por que no les sale de la …..

Malditas serán las gracias de estas invenciones, señor marqués de Talaván, Duque de Reprobonia, Conde de la Borla, Señor del Capirote. Pa ti y pa mí y pa todos los que los vieron (o las vean) volarán con sus etéreas alas a las salas del cielo donde un día no los quisieron; porque ahora que nadie quiere ir allí les pesan mucho las molicies de los hombres de la cultura de la extremadura, sentados calientes y encorbatados frente a anchas mesas de formica matando marcianos por pantalla mientras se arrascan los güevos, o mirando youtubes mientras se tocan la palla. (y ahora si que lo escribo)

Los angelitos rechinarán sus dientes en el cielo, más cacofónicos que en la tierra sonarán (pero después de penar este purgatorio final bien se lo han ganado). Pero nosotros no los veremos, amigo Cusac, porque no tenemos previsto pasar por sitio tan aburrido.

Esperemos que sean buenos los jerifaltes de cultura y su caporala jefa y se vayan paarriba, porque como nos los encontremos tú y yo allá abajo...

Anónimo dijo...

Lo cierto es que te lo estás currando con tus réprobos. Al cabo del tiempo, muy agradecidos, te organizarán una gran acogida en el averno. Uuuuh! Que miedo!
Títiro.!

gabriel cusac dijo...

Títiro, Juan: sería una preciosa entrada en el Infierno, escoltado por tan prodigioso séquito. Pero quizá los barandas del Infierno, con corbata roja y tridente de oro, nos meterían en el calabozo por manifestación ilegal y escándalo público.
De momento, me conformaría con que los/las barandas culturales extremeños nos hicieran una pizquita de caso. Sí, Juan, llegan el frío, las lluvias, las heladas, y quizá los singularísimos esgrafiados de la ermita del Santo Cristo de Talaván queden reducidos a cascotes. Pero aún tengo esperanzas de que se produzca alguna actuación por parte de las autoridades patrimoniales. La lucha sigue.

Carmen Cascón dijo...

Puse el comentario aquí el fin de semana y el señor blogger no sé dónde me lo ha enviado. Digo que me imagino perfectamente la escena espeluznante que nos sugieres, propia de Bécquer y de la noche de Todos los Santos. Los réporbos tienen mucho de picardía, ahí donde los ves, porque ellos siguen ahí (de momento,), mientras que los paisanos que los vieron nacer yacen transformados en polvo en los nichos que se abren a sus pies. Esperemos que sigan viendo la luz y las sombras por toda la eternidad.
Saludos

gabriel cusac dijo...

Que la picardía les dure al menos otros cuatro siglos, Carmen. Las firmas que quedan para completar la solicitud en Change ya se cuentan con los dedos. Veremos cómo responden los barandas. Un borlado saludo.